Antioquia se encuentra en alerta sanitaria ante la sorpresiva falta de vacunas contra la fiebre amarilla, justo cuando Colombia vive un repunte epidemiológico que ha llevado al Gobierno Nacional a declarar emergencia en salud.
En lo que va del año, se han aplicado más de 115 000 dosis en el departamento, pero ahora los centros de vacunación están sin stock, frenando el impulso de prevención que se había sostenido con firmeza.
El último envío desde Rusia fue mínimo: apenas 20 000 dosis llegaron el 8 de abril, tras una partida previa de 60 000 en febrero, y desde entonces el biológico no ha vuelto a fluir hacia territorio antioqueño.
Esta interrupción frena la que ha sido una campaña ejemplar, sin casos desde 1997, pero acosada por condiciones climáticas propicias para el mosquito transmisor en zonas como Urabá, Bajo Cauca y Magdalena Medio.
Frente a este escenario, la Gobernación alzó la voz y exigió urgentemente al Gobierno Nacional un nuevo surtido de vacunas, advirtiendo que el déficit epidemiológico abre brechas que podrían reactivar el virus en la región.
En tanto se recibe la respuesta oficial, la Secretaría de Salud ha mantenido en funcionamiento sus unidades móviles de vacunación, recorriendo municipios como Carepa, Turbo, Apartadó, El Bagre, Nechí y Caucasia—aunque su impacto es limitado frente a la falta de dosis.
El panorama nacional es crítico: el brote actual registra una letalidad cercana al 47 %, con al menos 22 muertes y 79 contagios desde marzo, lo que mantiene en alerta a las autoridades.
Ante esto, no basta con declarar la emergencia: es urgente reabastecer los biológicos y reforzar la vigilancia, especialmente en regiones vulnerables. Mientras tanto, la voz de Antioquia sigue firme: sin vacunas, no hay escudo sanitario.




